Agua subterránea potable: cómo se mantiene limpia a cientos de metros de profundidad

En Pozos Paesa lo vemos todos los días en campo: el agua subterránea suele ser la fuente más estable, limpia y segura para consumo humano, agrícola e industrial. Pero, si viaja cientos de metros bajo tierra, ¿por qué sigue siendo potable cuando llega hasta tu pozo profundo?

La respuesta está en cómo funciona el subsuelo, en la forma en que se mueve el agua dentro del acuífero y en el diseño técnico del pozo que se construye para extraerla. En este artículo te lo explicamos de forma clara, con enfoque práctico y pensado para que entiendas qué hay detrás de un pozo bien hecho.

Cuando llueve o se infiltra agua desde superficie, esa agua no “desaparece”. Comienza a recorrer lentamente el subsuelo, atravesando capas de tierra, arena, gravas, arcillas y diferentes tipos de roca. Cada una de estas capas actúa como un filtro natural que retiene sedimentos, partículas y muchos microorganismos que, en superficie, afectarían la calidad del agua.

Ese proceso de filtración natural hace que, cuando el agua llega a un acuífero profundo, su carga de sólidos sea menor, la turbiedad disminuya y la calidad físico–química sea mucho más estable. Por eso, en la práctica, el agua subterránea que captamos con pozos profundos suele requerir tratamientos mínimos, como la cloración, antes de su consumo humano.

Una de las grandes ventajas de la agua subterránea potable frente a fuentes superficiales como ríos, presas o canales, es que se encuentra protegida por el propio suelo. El agua en un acuífero profundo no está expuesta todo el tiempo a descargas directas, variaciones bruscas de clima o contaminación accidental, como sí sucede con cuerpos de agua a cielo abierto.

Al estar resguardada por metros de material geológico, el agua subterránea queda aislada de muchas fuentes de contaminación urbana, agrícola e industrial. 

A mayor profundidad, mayor estabilidad. Los acuíferos profundos suelen tener condiciones físico–químicas más constantes que las fuentes superficiales. La temperatura del agua cambia poco a lo largo del año, los niveles de ciertos minerales se mantienen dentro de rangos conocidos y el efecto de las sequías suele ser menor en comparación con cuerpos de agua expuestos.

El agua subterránea puede ser naturalmente potable, pero si el pozo está mal diseñado o mal construido, la calidad final se compromete. Por eso, la ingeniería de perforación de pozos profundos es tan importante como el propio acuífero.

Un buen diseño de pozo incluye la elección correcta del diámetro, la instalación de ademes y tubos ranurados adecuados, el uso de filtros y grava bien seleccionada y la cementación técnica de las zonas que no deben comunicar agua al pozo. Todo esto evita que ingresen sedimentos en exceso, que se mezclen aguas de mala calidad de otros estratos o que se generen trayectorias de contaminación indeseadas.

Aunque el acuífero siga aportando agua potable, el pozo no es eterno. Con el tiempo, las ranuras se tapan por incrustaciones minerales o bacterianas, la tubería se adelgaza, aparecen sólidos en el agua y aumenta el consumo de energía eléctrica. Todo esto puede dar la impresión de que “el agua ya no sirve”, cuando en realidad el problema es la infraestructura del pozo.

Por eso recomendamos programar rehabilitaciones de pozo aproximadamente cada año y medio, dependiendo de la calidad del agua y de las condiciones de operación. Este proceso inicia con la extracción del equipo de bombeo y una videograbación a toda la profundidad libre del pozo. Con esa información se verifica el estado físico y químico de la tubería y, a partir de ahí, se definen los trabajos de limpieza, desincrustación o reparación que hagan falta.

Cada acuífero tiene características propias, pero, en general, el agua subterránea presenta varias ventajas para uso potable y productivo. Suele mostrar menor turbiedad, una presencia más controlada de microorganismos y una composición química relativamente estable. Esto hace que los procesos de potabilización sean más sencillos y, en muchos casos, más económicos en comparación con fuentes superficiales equivalentes.

El agua subterránea permanece potable porque el subsuelo la filtra, la protege y la estabiliza. La naturaleza hace una gran parte del trabajo, pero la otra parte depende de cómo se diseña, perfora, equipa y rehabilita el pozo.

En Pozos Paesa integramos más de 55 años de experiencia, equipo multidisciplinario y maquinaria especializada en perforación de pozos profundos, rehabilitación y equipamiento para que esa calidad natural del acuífero llegue hasta la toma de agua de tu proyecto con el mejor rendimiento posible.

Nuestro enfoque es claro: combinar ingeniería, datos duros y experiencia en campo para que tengas acceso confiable a agua limpia desde las profundidades del suelo hasta tu operación diaria. 

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